Donar gafas: el viaje de las que guardas en el cajón

El otro día, en una casa de Villada, una señora abrió un cajón buscando el DNI y salieron cuatro pares de gafas. “Estas ya no valen para nada”, me dijo. Le contesté la verdad: valen, y mucho. Solo que no para ella.
Ese cajón lo tenemos todos. Las gafas del marido que ya no está, las de antes de la operación, las que te dejaron pequeñas cuando cambió la graduación. Ahí, criando polvo. Y resulta que a unos kilómetros de nada, hay gente que no puede leer un contrato, coser o seguir la pizarra porque no tiene unas gafas. La cosa no cuadra. Vamos a arreglarlo.
Donar gafas no es tirarlas: es empezar un viaje
Cuando decides donar gafas en cualquier parada de nuestra ruta —Mayorga, Valderas, Villalón de Campos, Villalpando, Paredes de Nava—, esas gafas no acaban en un cajón nuestro. Empiezan un recorrido. Y me gusta contarlo entero, porque una cosa es decir “gafas solidarias” y otra explicar qué pasa de verdad.
Primero las revisamos. Cada montura pasa por el taller: miramos que las varillas cierren, que no falten tornillos, que los cristales no estén rayados de guerra. Lo que se puede arreglar, se arregla. Un tornillo, una plaqueta, un ajuste. Cosas de andar por casa para nosotros.
Después les tomamos la graduación. Porque una gafa sin saber lo que lleva no sirve: hay que medir cada cristal para saber a quién le puede venir bien. Y por último se clasifican, ordenadas por graduación, para que encontrar el par correcto sea cuestión de minutos y no de suerte.
Aborigen View: hasta quien las necesita para trabajar o ir a clase
Aquí viene lo nuestro. Nosotros revisamos, arreglamos y clasificamos. Pero el viaje largo lo hacen de la mano de Aborigen View, que lleva esas gafas hasta personas que las necesitan de verdad: alguien que no puede trabajar porque no ve de cerca, un crío que no sigue las clases porque la pizarra le baila.
No es caridad de postal. Es sentido común. Tú tienes unas gafas paradas. Otra persona no ve para ganarse la vida. Reciclar gafas es cerrar ese círculo. Lo que a ti te sobra, a alguien le cambia el día a día.
Y ojo con una cosa: no hace falta que las gafas estén perfectas. Ya nos encargamos nosotros de ponerlas a punto. Tú solo tienes que acordarte de vaciar el cajón la próxima vez que nos veas pasar por tu pueblo. Puedes mirar horarios y paradas en dónde encontrarnos.
Qué puedes dejar y cómo
Monturas de cerca, de lejos, progresivas, de sol con graduación. De adulto y de niño. Si dudas si sirve, tráela igual: mejor que decidamos en el taller y no en el cajón.
Todo esto forma parte de las Gafas Solidarias, un proyecto que para mí tiene tanto sentido como cualquier otra cosa que hacemos. Gafasvan no va de gafas. Va de quedarse, y quedarse también es esto: que lo que sobra por aquí sirva por allá.
Si de paso quieres saber cómo anda tu propia vista, tienes el test de salud visual online. Pero eso es otra conversación.
Este artículo es informativo y no sustituye una revisión profesional.
Así que ya sabes: abre ese cajón de Villada, de Mayorga o de donde seas, y saca lo que no usas. Esas gafas que para ti no valían para nada van a acabar leyendo una pizarra. Si además te toca revisar la tuya, pásate por la cita y lo miramos con calma.