Me vuelvo al pueblo

Me vuelvo al pueblo no es solo un programa de CYLTV, es también el camino de regreso que muchos jóvenes (y no tan jóvenes) están tomando en los últimos tiempos. Camino que se está llenando sobre todo en los meses del verano del COVID, que en gran medida ha sacudido los cimientos de la sociedad actual pero también las cabezas y formas de vida de la gente. Más de una vez he escuchado lo de “no me pilla otro confinamiento en el piso de la ciudad”. Algunos no soportarán la “aventura” rural, otros deben seguir volviendo los domingos a la capital, como nos recuerdan los “Jóvenes de CyL en Madrid”, genial banco de ideas para hacer visible el dolor que a muchos les supone salir de su pueblo semana tras semana. Como dato, la fuga de jóvenes con estudios a otras Comunidades le cuesta a Castilla y León casi 300 millones de euros al año que pagamos los castellanos de nuestros impuestos.

Volver al pueblo (a mi pueblo en mi caso) es un proyecto de vida. He vivido y trabajado en varios sitios, tanto nacionales como extranjeros y he sido feliz en todos, pero donde quiero estar es en mi pueblo. Porque quiero vivir en una casa con patio, tardar 5´ a mi trabajo (2´ si voy en bici), quiero encontrarme con los amigos en los sitios de siempre sin usar el WhatsApp y quiero que mis hijos crezcan en un ambiente de seguridad y libertad.

Una vez tienes claro ¿por qué? y ¿que? quieres hacer, has de encontrar ¿como? hacerlo. Gafasvan es la materialización de un proyecto de vida. Al contrario que otras profesiones, graduar y poner gafas no es vocacional. No me imagino a un niño en el colegio entre compañeros que soñaban ser astronautas o futbolistas diciendo que “quiero poner gafas a la gente de mi pueblo”.  Pero vivir en tu pueblo, con tu familia y amigos, compartiendo problemas y preocupaciones, eso si es vocacional.

Creo que es necesario cambiar el mensaje que se transmite del medio rural, habitualmente siempre con connotaciones negativas: Despoblación, abandono, pasado, España vaciada (término que me gusta tan poco como el de “emprendedor”). El padre de Daniel “el mochuelo” ya le decía a este al principio de El Camino (Delibes) que se fuera del pueblo “a progresar”. Y hasta hace no tanto esto lo pensaba mucha gente (por suerte hoy ya no). Marcharse a la ciudad para progresar o tener éxito. “Éxito” es algo relativo. Si mides el éxito en el cargo que ocupas dentro de una empresa o en el dinero que ganas, quizá en el pueblo no tengas mucho éxito. Yo no me voy a hacer rico poniendo gafas en pueblos de 1.500 habitantes. En cambio, si entendemos el éxito como trabajar duro pero con horarios, comer en tu casa con tu mujer, dar un paseo con tu hija por las tardes, no gastar horas a la semana en desplazamientos ni más de la mitad de tu sueldo en el alquiler de un piso compartido, ayudar y que te ayudan sin pedir nada a cambio… seguramente en el pueblo tengas mucho éxito.

Positividad y oportunidades es lo que tuve la oportunidad de compartir en la entrevista que me hicieron hace unos días en La Ventana, en Cadena Ser.

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